Historia Lista Blanca

Momento de cambios

Etapa de transición en nuestro país y de bifurcaciones en el peronismo.

El 17 de noviembre de 1972, Di Pascuale, Borro, Framini y tantos viejos luchadores tendrían que haber estado en el avión que traía a Perón de su largo exilio. Eran ellos los representantes de los miles de peronistas que no claudicaron ante ningún gobierno, exigiendo el retorno del líder, no fueron convocados, pero sí estuvieron en Ezeiza, junto a las miles de personas que desafiaron al Ejército para ir a esperar a Perón.

No obstante los desplantes de que fueron objeto por el aparato partidario, los compañeros se sumaron al proceso electoral apoyando a Héctor J. Cámpora, un hombre leal y honesto que también fue víctima de la trituradora que montaron algunos sectores del Justicialismo.

El 11 de marzo de 1973, el triunfo de Héctor Cámpora fue festejado por todo el pueblo peronista. Gracias a ese desenlace político, se logró la libertad de miles compañeros presos desde hacía años. Sin embargo, con el paso de los meses, el poder del presidente Cámpora fue erosionado por los sectores más reaccionarios, lo que provocó que los mismos compañeros que fueron baluartes de la Resistencia y de la lucha de 18 años fueran dejados de lado.

A pesar de ello, esos compañeros estuvieron el 20 de junio de 1973, en Ezeiza, junto al pueblo peronista, pero cada vez más lejos del conductor. De esta manera, la vieja guardia peronista, la línea dura o combativa, como se la conoció, se incorporaba a otras expresiones del peronismo: Framini, Dante Viel, Armando Cabo, Arnaldo Lizazo, Atilio López, Cepernic o Bidegain, le daban forma al Partido Auténtico (ligado a Montoneros) mientras Di Pascuale, Ferraresi, Bernardo Alberte, Ongaro, Villaflor, De Luca, Benito Romano, Atilio Santillán y la conducción de FOETRA, mantenían distintos grados de adhesión al Peronismo de Base.

A partir de entonces, la lucha se dirigió a la construcción de una alternativa organizativa independiente, que les permitiera a los trabajadores no sólo enfrentar al sistema de dominación y explotación, sino también a la burocracia política y sindical que le servía complacientemente.

Jorge Di Pascuale jamás aceptó servir a los intereses antinacionales y antipopulares. Brilló en la política y en el sindicalismo argentino en mérito a su capacidad y compromiso, pero no utilizó ese prestigio en beneficio de una proyección personal. Dejó de lado cualquier tentación personal y se ubicó junto a los trabajadores en la lucha política y cotidiana para lograr la liberación nacional. Aceptó ser uno más luego de ser el primero, aceptó el anonimato luego de ser una figura pública, aceptó el barro luego de pisar las alfombras del poder, aceptó la militancia, la cárcel y la persecución, porque creyó que eso era útil para alcanzar el objetivo de todos y para todos. Fue firme en sus convicciones, alegre y cálido en el trato diario, noble y valiente para sostener su compromiso, y supo ser un conductor indiscutible. Su enorme capacidad de conducción sumada a su conducta personal hizo que fuera querido y respetado por todos los trabajadores del país, más allá del pensamiento e ideología de cada uno. Estos valores, imperdonables para el sistema, fueron puestos en la mira del enemigo, apenas murió Perón, el 1º de julio de 1974.

Un desencuentro histórico que costaría muy caro al Peronismo y al pueblo argentino, ya que esos sectores que dominaron el gobierno, luego de la muerte del General, actuaron en realidad para desarmarlo y esterilizarlo, además de ir preparando las condiciones para la mayor represión y asesinato en masa que sufriera una nación latinoamericana y que se cobró, a partir de julio de 1974 y especialmente de marzo de 1976, la vida de una generación comprometida hasta la propia muerte por el destino de nuestra de patria y el futuro de nuestro pueblo.

Pocos días después del fallecimiento del Presidente Juan Domingo Perón, el escritor, abogado, historiador, diputado nacional y gran amigo del Sindicato de Farmacia, Rodolfo Ortega Peña, fue asesinado en las calles de Buenos Aires, por la Triple A, en lo que significó el comienzo de una escalda que ya no se detendría más para hacer desaparecer a los dirigentes identificados con las luchas populares. Así la lista comenzó a poblarse de los compañeros más queridos: Antonio Deleroni, Julio Troxler, Alfredo Ongaro, el padre Mujica, Atilio López y cientos más.

Durante ese doloroso año, nuestro gremio adquiere el predio donde funcionará el campo de Recreación Eva Perón, en la localidad de Gorina (City Bell), cuya inauguración se llevaría a cabo el día 22 de diciembre de 1975.